Padres presentes para un tiempo nuevo
La paternidad del siglo XXI, a debate con Luis Gutiérrez Rojas en la nueva sección “Sin atajos”
Vivimos tiempos de cambio. Cambian las formas de vivir, de relacionarnos, de educar y también de ser padres. En medio de debates sociales, discursos ideológicos y modelos contradictorios, muchas familias se hacen la misma pregunta: ¿qué significa hoy ser un buen padre?

A esta cuestión quiso dar respuesta el psiquiatra Luis Gutiérrez Rojas en una sesión familiar celebrada en el CME, un espacio pensado para acompañar a padres, madres e hijos en su crecimiento personal. Y que esta sección “Sin atajos” quiere compartir con todas las familias y amigos de CME para ayudaros en la formación de vuestros hijos.
Lejos de recetas mágicas o discursos culpabilizadores, su mensaje fue claro, directo y esperanzador: los padres son necesarios y están llamados a asumir nuevos roles con responsabilidad, cercanía y autenticidad.
Paternidad sí, paternalismo no
Uno de los primeros puntos que quiso aclarar el doctor fue la diferencia entre paternidad, paternalismo y patriarcado. Tres conceptos que a menudo se confunden y que, sin embargo, no significan lo mismo.
Ser padre no es imponer, dominar ni ejercer privilegios por el mero hecho de ser varón. Tampoco es abdicar, desaparecer o vivir la paternidad desde la distancia emocional. Ser padre es responsabilizarse, estar presente y acompañar a cada hijo de manera concreta y real.
“La paternidad no es algo de lo que uno esté ‘de vuelta’. La paternidad es algo de lo que hay que estar siempre ‘de ida’. Exige implicación constante, atención y disponibilidad”. Luis Gutiérrez Rojas

No se trata de repetir modelos antiguos ni de asumir etiquetas ideológicas, sino de vivir la paternidad como una vocación personal.
Por qué el padre es necesario
Desde su experiencia en salud mental, el psiquiatra fue rotundo: la figura paterna es clave para el desarrollo sano de la persona. La presencia de un padre cercano y coherente favorece una mejor salud emocional, mayor equilibrio psicológico y mejores capacidades de adaptación a la vida.
Diversos estudios muestran que los hijos que crecen con una figura paterna presente suelen desarrollar:
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Mayor autoestima.
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Mejor control de los impulsos.
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Mayor estabilidad emocional.
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Relaciones afectivas más sanas.
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Menor riesgo de conductas adictivas o autodestructivas.
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Una visión más equilibrada de sí mismos y del mundo.
Pero más allá de los datos, Gutiérrez Rojas apeló a la experiencia humana más básica: todo hijo necesita una referencia, alguien que le mire, le acompañe, le ponga límites y le haga sentirse valioso.
No tengamos miedo a ser padres
Uno de los mensajes más repetidos durante la charla fue una llamada a la valentía. Muchos padres —especialmente en la actualidad— se sienten inseguros, cuestionados o poco preparados para ejercer su papel. Ante esto, el psiquiatra lanzó una afirmación clara: “No tengamos miedo los padres a ser padres”.
Ejercer la paternidad implica:
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Saber decir que no.
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Poner límites claros desde pequeños.
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Ejercer la autoridad sin autoritarismo.
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Asumir que no siempre se va a gustar.
Poner normas no es reprimir, sino ayudar a crecer. Los niños y jóvenes necesitan límites para sentirse seguros, orientados y acompañados. Un padre que educa desde la firmeza y el afecto no daña: fortalece.
Emociones, sí… pero con equilibrio
Otro de los grandes retos de la paternidad actual es el mundo emocional. Gutiérrez Rojas defendió una expresión emocional sana desde lo masculino, alejada tanto del silencio afectivo como de una emotividad desbordada.
Los padres están llamados a:
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Expresar cariño y mostrar ternura.
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Abrazar y escuchar.
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Acompañar emocionalmente.
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Pero sin caer en una emotividad exagerada o desordenada que confunda a los hijos.
Las emociones son importantes, pero necesitan ser educadas y canalizadas. En este sentido, el psiquiatra subrayó la importancia de desarrollar la voluntad a través de hábitos buenos: constancia, esfuerzo, responsabilidad. Como decían los clásicos, la virtud se adquiere repitiendo actos buenos, no esperando a “sentirse bien”.
Paternidad y fe: una relación profunda
Durante su intervención, Gutiérrez Rojas también abordó una dimensión menos habitual en este tipo de charlas: la relación entre la figura paterna y la fe. Según explicó, la ausencia de una figura paterna sana puede dificultar la relación con Dios, al que muchas tradiciones religiosas presentan como Padre.
Rezar el “Padre Nuestro”, afirmó, es también una forma de reconciliarse con la idea de un Padre que ama, acoge y cuida. Para muchas familias, la fe se convierte así en un apoyo para educar en la voluntad, el sentido y la salud mental.
Ser hogar y trampolín
Una de las imágenes más bonitas que dejó la charla fue esta: el padre como hogar y trampolín.
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Hogar, porque el hijo necesita un lugar al que volver siempre, donde sentirse seguro, aceptado y querido, incluso cuando se equivoca.
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Trampolín, porque el padre también impulsa, anima y empuja a lanzarse a la vida con confianza.
Educar es aceptar sin condiciones, pero también ayudar a mejorar; es amar como son, pero enseñarles a crecer; es acompañar sin controlar y orientar sin imponer.
Padre y madre: sumar, no competir
Gutiérrez Rojas insistió también en la importancia de la relación entre padre y madre. La presencia del padre no resta ni compite: suma y enriquece. Padre y madre no son opuestos ni rivales. Son complementarios.
Propuso cuatro claves para relaciones sanas entre hombre y mujer:
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Libertad, sin dominación ni dependencia.
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Valentía, para acoger la diferencia.
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Confianza, basada en la comunicación y la vulnerabilidad.
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Fecundidad, entendida como apertura a la vida, la creatividad y el crecimiento mutuo.
Una paternidad posible y necesaria
Lejos de discursos idealizados o inalcanzables, la propuesta de Luis Gutiérrez Rojas fue profundamente humana y realista. No existen padres perfectos, pero sí padres presentes, auténticos y comprometidos.
En un tiempo de confusión, su mensaje fue claro: hacen falta padres. Y no cualquier padre, sino padres que se atrevan a vivir su paternidad con responsabilidad, cariño y sentido. Porque la paternidad, hoy más que nunca, no es un problema. Es una oportunidad.
